sábado, septiembre 30, 2006

Sin título

.. Y tanta soledad en la despensa. Ses ailes de géant l'empêchent de marcher..*. me grita Baudelaire desde la cocina, pero a mi como que no, que no me llega. Tan sólo percibo un eco. A veces creo que mi vida se compone de eso mismo: de ecos que van y vienen, que retumban en mi cabeza, en medio de esta habitación despojada de muebles y que ya sabéis que es azul, con su ventana blanca, con su naturaleza verde.

Me hago la despistada y miro hacia otro lado y resulta que hoy casi me atropella un coche Mire por dónde va, me dijo el conductor. Qué desidia de ciudad y de gente.

Repaso mis notas y los pensamientos de estos últimos días. No es que sean abundantes o con un mínimo de interés; de hecho, durante casi todo el tiempo, ha sido el mismo runrun de ametralladora. Me gusta darle vueltas a las cosas y, al final, para acabar descolgando el teléfono y decir una mentira. Me da igual. Y la conciencia al otro lado de la línea. Hasta que cuelgo y me tumbo en la cama.

Para cuando despierte, será otro mundo, otra vida. Porque Necesito tomarme las cosas de refilón.

* Son sus alas de gigante las que le impiden volar.